DE XAVI BARCELÓ
http://liricasinadaptado.blogspot.com/2010/02la-muerte-en-la-lit.-

Se dice que la muerte es inherente a la vida, y diría que casi a la extensión de la cotidianidad. Son incontables quizá las veces en que nos hemos visto obligados a contemplar su espantoso y ufano semblante
por donde quiera que la vista se pose. Hace su nefasta aparición de
forma constante en las noticias, sobrevolando con sus alas negras las
trincheras en el zenit de la guerra, o recogiendo su cosecha en los
campos labrantios de la tragedia. No la limitan el espacio ni el
tiempo, se pasea subrepticia por campos y ciudades, sin que el tic tac
del reloj haga mella alguna en su agenda, para desfilar su luctuosa
pasarela por los pasillos de hospitales y clínicas, y con su negra
estela mares de desconsuelo legar. No son muchos aseguran presagiar el
momento de su intromisión en la vaguedad del camino, ni el lugar exacto
del funesto encuentro, muy por el contrario, el esfuerzo del ser humano
se encamina por alejar dicha cita de su definitiva formalización.
¿Desde donde atalaya nuestros andares?, ¿donde se encumbra su vetusta morada?
en todo momento y lugar, suponemos, no excentos del sobrecogimiento del
caso que entraña dicho pensamiento (créanme que los ecos del
estremecimiento resuenan en mi testa en el esbozo de estas líneas). Y
cómo todo fenómeno que afecta e intriga al ser humano, la muerte
también ocupa el retablo de los misterios aún insondables del interés
humano, mereciendo su propia efigie en las artes y la literatura.

Desde que la literatura es literatura, la muerte protagoniza y antagoniza
alternadamente la narrativa y el poema. Para empezar, tenemos a la
muerte como desafío del hombre que se interpone en su camino, encarnada
en todos los peligros que situan las vidas del héroe y sus compañeros
de aventura en el filo de la navaja. Vasta citar el insistente acoso al
que fuera sometido el valiente Ulises en "La Odisea" a
través de la hostilidad del cíclope, la furia del mar, y sin olvidar el
descenso a los propios dominios de la muerte a través del tenebroso Rio
Estigia, de los cuales saliera avante. Aunque inclito ejemplo digno de
destacar en este aspecto sería de igual forma
"El Descenso al Maéstrom" de "Edgar Allan Poe", autor que nos dará de mucho que hablar en esta entrada más abajo.

También ocupa a menudo un lugar de importancia el tema de la ubicuidad de la muerte y la huella que ésta deja. Pablo Neruda en "Solo la Muerte" y en "La Muerte" describe el influjo de la muerte como "una escoba que lame el mundo buscando muertos" en la primera, y en la segunda se lamenta la ausencia de un interfecto.

Pero no siempre ha sido la muerte en el mundo de las letras piedra angular
de aprensiones y angustias; pues paralelamente ha sido objeto del
placer macabro de seres psicóticos y atormentados por sus propias
insanas manías. Cuentos góticos de célebres autores como Edgar Allan
Poe y H. P. Lovecraft, nos muestran de principio a fin, la vesanía de
seres que se recrean y vivifican en la muerte de otras personas, tal y
como el arrecife de coral se nutre de los huesos de los peces que la
componen cuando las vidas de estos últimos llegan a su fin. "Berenice" y "Los Amados Muertos" podrían estar entre los mejores ejemplos de este tipo de tétrica refocilación.

Aunque la "fiesta de la muerte" no es la única forma en que Poe y Lovecraft han tratado este tema.


También han dado lugar en varias oportunidades a la especulación sobre
el regreso a la vida, partiendo de la consideración de que la muerte es
solo una suspensión biológica que ha sufrido el cuerpo, y que se
sugiere puede ser reversada. tenemos en cuenta aquellos relatos en los
que la muerte retoma el rol de antagonista despiadada, capaz de jugarle
una mala pasada a los seres humanos ("
El entierro prematuro" de Poe, y la serie de "El Reanimador" de Lovecraft), no teniendo más opción que enfrentarse a ella con toda la zozobra del caso.

Pero como el papel lo puede todo, también existe la posibilidad de vencer a
la muerte, ya no pasandole de soslayo, sino ascendiendo del abismo al
que el o los protagonistas ya había sido arrastrado. De la umbría
concepción de inbatibilidad que se le otorgaba (y se le sigue
otorgando) a la muerte en la literatura gótica, ésta pasa a ser un
personaje más en (digamoslo de esa manera) "igualdad de condiciones" que se puede ver sorprendida (así sea de momento) por los personajes de turno (Gandalph en "El Señor de los Anillos" de J.R.R. Tolkien, o Francisca en "Francisca y la Muerte" de Omelio Jorge Cardoso, podrían ser algunos de los mejores ejemplos).