Dice:

“Desarrollar la habilidad de mirar a otra persona a los ojos -no de una manera dura o amenazadora sino suave y confiada- es sumamente eficaz para mejorar nuestra capacidad de amar.

Cuando dos personas se miran a los ojos tiene lugar un profundo intercambio, una misteriosa ósmosis.

Inténtalo, contempla de cerca los ojos de tu pareja sin retener la respiración, mientras lo hagas, relaja la cara y el cuerpo.

Al cabo de poco descubrirás, si aún no lo has descubierto, por qué los ojos se llaman las ventanas del alma.”