Llega un momento en el cual te abandonas.

Llega ese momento en el que compruebas como a pesar de los cuidados, las caricias y las sonrisas siempre van a parar a otros.

Y no, ya no buscas las noches que están por venir.

Entonces, los días se vuelven más oscuros.

Te quedas para siempre en el andén vacío, en la estación vacía.

De fondo de un horizonte difuminado.

Allí ya no pasa el tiempo. Siempre es Junio, Julio y Agosto.

Ese invierno...

El invierno que te paraliza los ánimos y te transforma en un triste muñeco.

Un espantapájaros de nieve al que no le han puesto labios porque no tiene a quién besar.

Un muñeco que poco a poco se va derritiendo ante la indiferencia de todos.

Y lo peor no es eso.

Lo peor es que ni siquiera hay nieve de verdad para crearlo.

Pobre monigote imaginario.

Pobre.

Josami...